
Por Jorge González Moya, profesor

En tiempos donde el debate público tiende a simplificar temas complejos, resulta preocupante escuchar discursos que relativizan o minimizan el valor de la investigación científica, del pensamiento académico y del trabajo silencioso que miles de profesores, investigadores y educadores realizan día a día en Chile.
Quienes trabajamos en educación sabemos que construir conocimiento no es un gasto inútil: es una inversión estratégica para el desarrollo humano, social y
económico de un país. Y precisamente desde esa convicción nace el programa “Educación Futuro”, impulsado desde la Academia de Diálogo Ciudadano, cuyo propósito ha sido abrir oportunidades reales para estudiantes de enseñanza media mediante pasantías escolares en universidades, acercándolos tempranamente a las ciencias, las humanidades, la innovación y la investigación.
Durante años, cientos de docentes, académicos, universidades y profesionales han entregado tiempo, experiencia y compromiso para acompañar trayectorias educativas que muchas veces el sistema tradicional no logra sostener. Ese esfuerzo no puede ser reducido a caricaturas comunicacionales que presentan la investigación como un privilegio inútil o desconectado de la realidad.
La historia demuestra exactamente lo contrario.
Las grandes transformaciones tecnológicas, médicas y sociales nacieron primero en laboratorios, universidades y centros de investigación. Internet, las vacunas, la inteligencia artificial, la medicina moderna, las energías renovables e incluso las tecnologías que hoy sostienen la economía global fueron inicialmente investigaciones “sin aplicación inmediata”. La ciencia básica siempre antecede al desarrollo tecnológico.
Por eso preocupa profundamente cuando desde el mundo político se instala una narrativa que ridiculiza la inversión en conocimiento. No solo porque desinforma, sino porque transmite a las nuevas generaciones la idea de que pensar, investigar o estudiar profundamente carece de valor social.
Chile no necesita menos ciencia.
Chile necesita más ciencia conectada con la ciudadanía.
Y esa conexión justamente se construye desde la educación.
El verdadero trabajo de los profesores y académicos
Detrás de cada proyecto educativo existen horas invisibles:
● docentes que preparan clases más allá de sus jornadas,
● académicos que investigan con financiamientos limitados,
● estudiantes que luchan contra desigualdades estructurales,
● universidades regionales que sostienen investigación pese a enormes restricciones presupuestarias.
Reducir ese esfuerzo a frases simplistas es desconocer décadas de construcción institucional y cultural.
En Chile, desarrollar ciencia nunca ha sido fácil. Los fondos de investigación son altamente competitivos, muchas veces insuficientes, y los investigadores suelen trabajar en condiciones de precariedad, comparadas con países desarrollados. Tal como se plantea en las reflexiones compartidas por Gazmuri, Marta Lagos, José Maza y muchos científicos e investigadores de prestigio chilenos; caricaturizar los recursos destinados a investigación desconoce además cómo funcionan realmente los fondos científicos en el país.
¿Qué podemos transmitir a profesores y académicos?
Ante discursos que desvalorizan la investigación o la educación crítica, el mensaje hacia profesores y académicos debe ser claro:
1. La educación sigue siendo un acto de transformación social
Aunque existan discursos hostiles hacia el conocimiento, educar continúa siendo una de las tareas más trascendentes de una sociedad democrática. Cada estudiante motivado hacia la ciencia, el pensamiento crítico o la creatividad representa una posibilidad de desarrollo para Chile.
2. La ciencia no es un lujo: es soberanía
Los países que lideran el mundo invierten fuertemente en investigación porque entienden que el conocimiento genera autonomía tecnológica, crecimiento económico y bienestar social. Depender únicamente de tecnologías extranjeras condena a cualquier país al atraso.
3. Educar en tiempos de desprestigio del conocimiento exige más convicción ética
Hoy los docentes no solo enseñan contenidos: también deben defender el valor de la evidencia, el pensamiento crítico y el diálogo informado frente a la desinformación y la simplificación mediática.
4. Los jóvenes necesitan referentes que crean en ellos
Programas como “Educación Futuro” existen precisamente porque muchos estudiantes talentosos no encuentran espacios tempranos para desarrollar sus capacidades. Vincularlos con universidades, laboratorios y experiencias STEAM no es elitismo: es democratización del acceso al conocimiento.
El desafío de Chile es: no retroceder
Las instituciones científicas y educativas tardan décadas en construirse y pueden deteriorarse rápidamente cuando el conocimiento pierde legitimidad pública. Tal como advierte Ana María Gazmuri, destruir institucionalidad puede tomar muy poco tiempo, pero recuperarla puede demorar generaciones.
Por eso hoy más que nunca se requiere:
● fortalecer la educación pública y científica,
● acercar la investigación a las comunidades,
● apoyar las trayectorias educativas de jóvenes talentosos,
● y defender el rol de profesores y académicos como actores fundamentales del desarrollo nacional.
Educación Futuro como respuesta
En medio de estas tensiones culturales, el programa Educación Futuro representa una señal concreta de esperanza:
un puente entre escuelas y universidades,
entre sueños y oportunidades,
entre talento y desarrollo científico.
Porque cuando un estudiante entra por primera vez a un laboratorio, conversa con investigadores o descubre que puede proyectarse en la educación superior, ocurre algo profundamente transformador: comienza a imaginar un futuro posible.
Y ningún país debería renunciar a eso.